La mirada de mi hijo es cristalina,
Transparente como un ojito de agua.
En su mirada, veo un lugar nuevo…
Veo mi casa nueva, desocupada de muebles,
Donde todo el tiempo me pregunto qué hacer.
Cada vez que mi mirada entra en la suya,
siento que soy un profano.
Como aquél que entra con
zapatos sucios a la casa limpia
de la abuela.
Él me mira con toda la vista, generoso…
Mis armas se derriten y me pone a pensar.
Su mirada es mi casa nueva,
Mi nuevo espacio.

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