Gran Plenitud

 

 

Cuando mi lobo vino a casa, el diablo salió volando como un chilero espantado. La vibración positiva de mi lobo emana de su pecho y brilla en su carita. Destella cuando sonríe. La casa entera se llena de calor y mis esperanzas se casan con mis fuerzas, apareandonse mil veces para engendrar cantidad de ilusiones que a la vez flotan y robolotean por todo el lugar.

¿Es esto amor? me pregunté las primeras veces que lo tuve en mis brazos. Hoy puedo escribir esto sin dudas. El amor nuevo, fresco y lleno de su bendición me ha invadido. Gran plenitud.

Publicado en Reflexión Etiquetado con:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*