Una luz iluminó de pronto la habitación. Ellos estaban ahí, desnudos y entrelazados. Habían estado sudando amor por horas. El viento sopló y erizó los bellos de la piel. Ellos seguían abrazados.
Entonces sonó el estruendo de un arma de fuego que los mató. Había iniciado la guerra, y estaban matando gente casa por casa.
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