Su mirada era de fuego. Detras de ella, un conjunto de apoyadores.
-¿!Qué le hiciste a mi carro!? -Dijo al dueño del auto que había tocado su defensa contra la de ella.
Él trató hablar clara y amablemente. Oidos sordos, actitud agresiva.
La palabras se convirtieron en leña para el fuego. El silencio y distanciamiento parecían la única solución. Autos Separados. Tristeza y pena.
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