Un gato Col salió a pasear. Caminó por la banqueta, pasó por un tramo de tierra y trepó una barda. Desde arriba, vio un gato nuevo en el vecindario.
Se apresuró entonces a marcar territorio y avisar a los amigos. Col recibió la primer tunda una mañana, cerca del terreno donde los niños jugaban canicas por las tardes.
Col habló con sus amigos. Se vieron unos a otros y se dijeron viejos. El gato nuevo era jóven y ágil. Lo había traído Doña Fidencita para compañía en la viudez.
-Vayan todos a comer y beber lo más que puedan esta tarde- Dijo Col a la pandilla. -Nos veremos por la mañana.
El patio de Doña Fidencita se llenó de 50 chiclosas marcas de territorio.
Deja una respuesta