Al sentirse solo, uno se ve obligado a mirar adentro. Despúes de ver al rededor y notar ausencias. Uno siente cómo las paredes internas se apartan unas de otras por falta de contenidos.
Luego la soledad cobra olor y sabor que trepa por la columna, tumba los hombros y se alimenta de aire de la nariz.
Ser una pieza social no es fácil, tiene uno que elegir una postura y defenderla. Existen miradas, sonrisas y sonidos infantiles por los cuales uno toma fuerza de cada rincón. Fuerza que levanta los hombros y vuelve robles a los brazos.
He venido a este mundo a conocer, y existe una mirada que me ha llevado por caminos jamás previstos. Siempre nuevos y llenos de color, donde mis pasos los ligeros y mis fuerzas infinitas.
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