El dragón de la montaña

Te contaré la historia de cuando subí una montaña tan pero tan alta, que cuando llegué a la cima encontré un dragón.

-Yo soy el dueño de esta montaña -me dijo el dragón con una voz ronca y potente.

-yo vengo a hacer amigos y no pelearé.

El dragón me miró entonces con unos ojos enormes casi del tamaño de una casa cada uno. Una casa encendida en fuego.

-Entonces te llevaré a mi casa donde podremos ser amigos -Me dijo de pronto

Subí en su lomo y comenzó a volar con unas alas enormes. Volamos alto tan alto que las ciudades y todas la personas se veían como puntitos en el suelo.

Seguimos volando hasta llegar a un gran castillo entre las nubes.

-Esta es mi casa. Puedes bajar.

Bajé de un brinco y reboté entre las nubes. Vi entonces que entre las nubes había luces de color blanco, verde, rojo y amarillo. Luces que cantaban y reían y cuando se miraban unas a otras hacían saltar chispas que caían entre las paredes del castillo.

Entramos por una puerta grandísima como del tamaño del árbol más grande que hayas visto. Al entrar vi una mesa enorme de madera, una mesa con un millón de ahujeros donde vivían duendes que cocinaban para el gran dragón.

-Aquí comeremos y podremos ser amigos -Dijo el dragón mirándome fijamente.

De pronto los duendes nos llevaron un enorme platillo lleno de estrellas que al comerlas brillaban tanto como la más hermosa noche estrellada. Comimos entonces tantas estrellas que todo el castillo se llenó de luz nos quedamos dormidos.

Al despertar estaba yo de regreso en casa y en la bolsa de mi pantalón tenía una estrella que guardo en un lugar secreto.

 

 

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